4.6.12

Junio,16.



Un día soleado me dijiste todo lo que sentías por mí. Yo había esperado ese momento durante mucho tiempo, en el fondo sabía que un día pasaría, pero mis ganas alimentaban mis ansias, lo cuál hizo de mi espera algo sin fin, más bien esa idea estaba ya dentro de las inalcanzables. 
Nos vimos y decidiste decírmelo todo, cuánto te gustaba y cuánto anhelabas mi boca. Tu cara se acercó demasiado a la mía y de pronto ya nos encontrábamos comiéndonos a besos, ni siquiera me dí cuenta de cómo o cuándo pasó. El sabor de tu saliva me parecía tan familiar y tan adictivo, la forma de tu cabello y cómo se sentía enredado entre mis dedos, la sensación, el suave olor a perfume sobre la piel. Todo en ti era exquisito* para mis sentidos. 
Las prendas fueron desapareciendo, rápido. Agradezco el hecho que haya sido de esa forma, mi mente no tuvo siquiera tiempo para planear la estrategia de defensa, la estrategia para tapar todos mis defectos físicos. De repente nos encontrábamos desnudos y no importaba nada más. Cómo me hubiese gustado estar en tu lugar, robarme tus ojos y ver como estos percibían mi cuerpo, cómo se veía la forma de mis senos, la redondez de mi cadera, mi ombligo. 
Por mi parte puedo decir que había una nube densa cubriendo mis ojos, no hacía nada más que sentir, mis manos sujetaban tu espalda y a pesar que todo tu cuerpo estaba recargado sobre el mio, puedo decir que era un peso que podría llevar cargando toda la vida. Esa opresión sofocante, deliciosa y punzante en el pecho. No alcanzaba a distinguir si la falta de aire era por ese motivo o por lo caliente y denso del aire en la habitación.
Las cortinas color hueso dejaban pasar un poco de luz, la luz otorgaba un contraste perfecto entre tu piel y las gotas de agua salada. Olor a sexo, olor a acondicionador para el cabello. Mi pulso estaba tan acelerado que podía jurar que en cualquier momento me iban a estallar las yemas de los dedos. Terminaste,me diste un beso en la mejilla y te hiciste a un lado.
Esa fue la primera vez en mi vida que pude tocar la felicidad con mis manos, verla con mis ojos y sentirla como un chorro de agua fría en un día de verano. Tan propia y explícita. Tan solo el recordarlo me hace llorar.
(...)
No podía creer lo que acababa de pasar, nunca creí que lo iba a tener tan cerca y tan dentro de mí. Aún recuerdo su aliento frío. Todo fue tan efímero que ahora me siento infeliz. Me quedo con ese momento, ese recuerdo que me saca una sonrisa cada vez que se me viene a la mente. 

*exquisito, ta

  1. adj. De singular y extraordinaria calidad, primor o gusto.


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